Cuando estás peleando una batalla 6 mensajes
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Nancy Violeta escribió - Noviembre 02
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Palabras de Aliento para Mujeres - Parte IV
Dos armas
Imagina esto: Estás realmente deprimida, de cara al suelo, cansada, desalentada, tocas el fondo. Sientes el aliento del enemigo en la nuca susurrando:
• Jamás podrás dejar ese hábito. Apenas lo intentes, volverás y lo harás de nuevo.
• Jamás lograrás atravesar esta situación… no hay esperanza para ti.
• A Dios no le importa. Si realmente le importaras y te amara, jamás habría permitido que esto te sucediera.
• Dios se ha olvidado de ti… estás sola.
• Estás «acabada».
Si, el enemigo de tu alma dispara flechas incendiarias contra ti justo cuando más débil te sientes. »Y cómo duelen! ¿Qué harás?
Dios nos ha dado dos armas: un escudo y una espada. Pablo habla de ellas. Dice que tenemos «armas de justicia a diestra y siniestra» (2 Corintios 6:7) Nos dice: «Tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno» Luego nos pide que tomemos «la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Efesios 6: 16-17).
Suponiendo que seas diestra, esto significa que tiene el escudo de la fe en la mano izquierda y la espada de la Palabra de Dios en tu mano derecha. Una es un arma de defensa, y la otra, de ataque.
El enemigo disparará flechas incendiarias hacia ti, cuenta con ello. Pero si tienes el escudo e la fe, puedes defenderte y sus dardos no herirán tus órganos vitales espirituales. Además, puede atacarle con la Palabra de Dios… y tu enemigo no es un contrincante digno de Dios.
Así que, la próxima vez que esté en la batalla espiritual, recuerda que tienes dos poderosas armas: el escudo de la fe y la espada de la Palabra de Dios. Estas «armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Corintios 10:4).
Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. 2 Tesalonicenses 3:3
¡Reclama para ti esta promesa hoy cuando salgas a dar la batalla!
Transcrito y publicado por Nancy Violeta Velez, el 2 de Noviembre del 2009.
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Nancy Violeta escribió - Noviembre 03
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Lo visible y lo invisible
Por: Darlene Sala
¿En qué puedo confiar con más facilidad: en lo que veo o en lo que no veo? ¡Definitivamente en lo que puedo ver y tocar! Si estoy enferma, quiero medicina. Si no tengo dinero, quiero dinero. Si estoy siendo atacada, quiero que alguien me ayude. Pero a veces, lo visible no alcanza.
Cuando Ezequías, rey de Judá, vio que Jerusalén iba a ser invadida por Senaquerib, rey de la Asiria (2 Crónicas 32), hizo todos los preparativos que pudo. Fabricó gran cantidad de armas y escudos, construyó torres, reparó las partes rotas de la muralla, y luego construyó otra muralla más alrededor de la antigua. Como la provisión de agua de la ciudad estaba fuera de muralla, cavó un túnel subterráneo para que el agua fluyera hacia adentro (existe hoy aún).
Ezequías sabía, sin embargo, que también debía preparar los corazones de su pueblo. No era fácil mantener alta su moral. Mientras Ezequías preparaba todo esto, Senaquerib, su enemigo, se burlaba del pueblo de Jerusalén, diciendo:
¿En quién confiáis vosotros al resistir el sitio en Jerusalén? ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?... ¿No habéis sabido que lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano?… ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? 2 Crónicas 32: 10-14.
Sin embargo, Ezequías respondió con estas palabras a sus líderes:
Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay en nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas.
2 Crónicas 32: 7-8
Sin minimizar la gravedad de la situación, Ezequías urgió a sus líderes a tomar en cuenta lo invisible; un poder más grande que el de Senaquerib, no al «brazo de carne» sino al SEÑOR,
su Dios.
¿Cuál fue el resultado? El Dios invisible peleó por su pueblo. El SEÑOR envió a un ángel que aniquiló a todos los ejércitos del rey asirio. Senaquerib tuvo que retirarse a su propia tierra en desgracia y allí, sus propios hijos le asesinaron.
¿Y qué hay de ese problema en el que te encuentras ahora? «Sé fuerte y valiente», dice Dios. No permitas que las circunstancias hagan que tengas miedo o desmayes. Contigo hay un poder mayor que el enemigo que enfrentas.
Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. 2 Crónicas 32:8.
¡Concentra tu visión en el Dios invisible y ten valor!
Transcrito y publicado por Nancy Violeta Velez el 3 de Noviembre del 2009.
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Nancy Violeta escribió - Noviembre 05
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Paz
Por: Darlene Sala
¿Qué imagen te viene a la mente cuando piensas en la palabra «paz»? A menudo pienso en el lago espejo del Parque Nacional Yosemite, con las montañas de granito y los árboles en flor que se reflejan sobre la superficie del lago, tan calmo, ha quedado en mi mente como imagen de la esencia de la paz.
Ahora, cuando se trata de la paz del día a día, me cuesta conectar mi vida con un lago calmo, sin siquiera una ola. El océano, con sus mareas y enormes olas, es una comparación más adecuada. Sabes a qué me refiero… en la vida uno nunca sabe cuándo ha de venir una tormenta.
«La paz de Dios gobierne en vuestros corazones», dice el apóstol Pablo (Colosenses 3:15). Por lo general pensamos que la paz es pasividad, ausencia de conflicto. Sin embargo, Pablo habla de la paz como de algo activo. «La paz de Cristo gobierne», dice. Esto significa que la paz ha de gobernar, administrar, tener poder sobre nuestras vidas y presidirlas.
Y es que la paz de Cristo no es una pasiva ausencia de conflicto, sino un árbitro en medio del conflicto. Cuando las circunstancias de mi vida son tumultuosas, he de dejar que la paz de Cristo me gobierne o me controle.
¿Cómo podemos lograr esto? Algunas de las batallas más desalentadoras en la vida no son las más dramáticas, sino las pequeñas tensiones cotidianas que todos tenemos… como cuando poseemos una lista de cosas pendientes por hacer más larga que el papel que escribimos, y además, llegan parientes de visita, y encima, sentimos que estamos a punto de engriparnos. En días así, cuando uno simplemente no tiene la fuerza como para enfrentar la batalla diaria de nuestros horarios, ¿cómo podríamos «dejar que la paz de Cristo gobierne»?
Parece imposible. Pero es precisamente entonces que necesitamos que la paz de Cristo gobierne. En ese punto decimos: «Dios, esta situación está totalmente fuera de mi control. No puedo hacer nada para ordenar este caos. Todo es un embrollo. Toma tú ahora las riendas. Viviré este día un minuto a la vez, intentando hacer lo que quieres que haga. Pero estás a cargo, no yo». Es sorprendente la paz que inunda el corazón ─la paz de Dios─ cuando le entregamos la responsabilidad.
La paz de Cristo no es la negación de las circunstancias, sino en cambio, un compromiso con el hecho de que Él es suficiente ante nuestras circunstancias. Con Él nos basta. ¡Cuando le ponemos al frente de nuestras vidas, la batalla ya está ganada!
Transcrito y publicado por Nancy Violeta Velez, el 5 de Noviembre del 2009.
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Nancy Violeta escribió - Noviembre 08
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Enfócate en el resultado
Por: Darlene Sala
Unos días antes de ser crucificado, Jesús dijo:
Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
Juan 12:23
¿Glorificado? ¡Yo no hubiera utilizado esa palabra! ¡Jesús estaba a punto de sufrir de forma increíble, terrible! ¿Sabía que le pondrían una corona de espinas, que le darían latigazos? ¿Sabía que habría una cruz, y clavos, y una lanza? ¿Y qué sobre la tremenda carga de pecados que llevaría con Él? ¿Sabía todo esto cuando utilizó la palabra «glorificado»?
Si, lo sabía. Conocía todo lo que sufriría en su agonía. Pero también percibe el gozo que vendría. Sabía que tres días después de su crucifixión, dejaría de lado las mortajes y saldría de la fría tumba, resucitado de entre los muertos. Sabía que una vez más estaría en comunión con sus discípulos, a los que amaba tanto. Y se percataba de que un día presentaría ante su padre a aquellos que había redimido. Sabía que en ese glorioso día «millones de millones» de ángeles, rodearían el trono de Dios, cantando:
El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
Apocalipsis 5:12
En todo su sufrimiento Jesús mantuvo un asombroso sentido de la perspectiva. El escritor de Hebreos dice que por el «gozo puesto delante de Él» soportó la cruz. Pudo ver más allá de la miseria del momento presente, hacía lo que sería el resultado futuro.
Esa es, sin embargo la diferencia entre Jesús y nosotros: Jesús se concentró en el resultado final, no en el proceso doloroso. Demasiado a menudo nos estancamos en el camino. La batalla que luchamos nos lastima tanto que solo podemos pensar en detener el dolor.
Podemos recibir aliento si buscamos a alguien que ha logrado hacer lo que intentamos nosotros; alguien que haya peleado esta misma batalla, ganándola. Tenemos un héroe a quien emular, el Héroe Supremo en la persona de Jesús. Él nos dice cómo podemos lograr transitar por el sufrimiento que trae la vida. Dice que el secreto es mantener la atención concentrada en nuestro Héroe, Jesucristo, «Puesto los ojos en Jesús», dice el escritor de Hebreos. «Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar» (Hebreos 12: 2-3).
¿Estás parada al pie de un problema del tamaño del Monte Everest, con la vista puesta en lo que debes conquistar? O quizás no puedas ver más allá del lodo que hay bajo tus pies, porque no tienes siquiera el coraje de mirar la batalla de frente. Sea cual fuere la pelea que debamos soportar, estoy segura de que convendrás conmigo que comparada con lo que sufrió Jesús, es poco. Cuando tu batalla te parezca demasiado para ti, mira hacia lo que hay delante. Enfoca tu atención en Jesús y en el resultado final de tu fe.
Puedes tener paz y fuerzas en medio del sufrimiento. Pero es la paz y la fuerza de Dios… el tipo de paz y fuerza que vienen de hacer su voluntad y descubrir que sus recursos son suficientes para cualquier batalla que tengamos que enfrentar.
La paz os dejo, mi paz os doy,
dijo Jesús. Juan 14:27
Esta es la paz y la fuerza que vienen cuando miramos más allá del proceso doloroso y nos concentramos en el resultado final. No importa con qué estés luchando hoy, fija tu mirada en Jesús… y observa mediante la fe el resultado victorioso que está por venir.
Transcrito y publicado por Nancy Violeta Velez, el 8 de Noviembre del 2009.
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Segunda Fedora escribió - Noviembre 10
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QUE DIOS ,LA BENDIGA SIERVA ME LLAMO FEDORA QUISIERA QUE ME ENSEÑE COMO USAR LAS ARMAS QUE DIOS ME HA DADO, QUIERO APRENDER A ORAR Y HACERLE LA GUERRA AL ENENMIGO QUE ROBO LA SALUD LA PAZ Y LAS FINANZAS. GRACIAS NANCY QUE DIOS LA BENDIGA
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Nancy Violeta escribió - Noviembre 13
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Miedo y desaliento
Por: Darlene Sala
Cuando Dios me da una tarea a menudo tengo que pelear contra dos enemigos: el miedo y el desaliento. Temo intentarlo porque creo que podría fracasar. Y cuando sí lo intento, me desaliento porque veo que la tarea es más difícil ─o lleva más tiempo─ del que esperaba.
La respuesta de Dios ante el miedo y el desaliento es la seguridad de su presencia constante.
Dios le dijo a Josué: Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1:9
Cuando Dios pronunció estas palabras, Moisés había muerto. Todos sabían que Dios había estado con Moisés de manera portentosa, pero ahora Josué había tomado su lugar. Dios sabía que como nuevo líder de su pueblo, Josué sentiría miedo y depresión. Así que le dijo: «No importa dónde vaya, no importa qué sientas, estaré contigo. Jamás te abandonaré» El Señor le dio una promesa similar a la nación de Judá:
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego no te quemarán, ni la llama arderá en ti. Isaías 43:2
Mi esposo suele destacar que Dios no dice: «Si pasas por las aguas», o «si pasas por el fuego». No, él dice cuando; da por sentado que pasaremos por esas experiencias. Sin embargo, Dios dice que no hemos de pasarlas solos. Él estará con nosotros. Nada de lo que suceda, no importa cuán terrible se vea, será verdadero y eternamente desastroso, porque él sabe cuánto podemos soportar y no permitirá que el agua nos ahogue, ni que el fuego nos queme. No importa cuán oscura y terrible sea la batalla, Dios nos hará salir sanos y salvos.
Cuando tenemos miedo o sentimos desaliento, ¡qué consuelo es tener un amigo que comparta su tiempo con nosotros y nos dé palabras de aliento! ¡Y cuánto más reconfortante es que no sea un amigo meramente humano, sino el Dios Todopoderoso que nos ama tanto, quien esté con nosotros en estas experiencias! A veces podemos sentir desaliento o miedo. Y entonces nos sentimos solos. Pero como hijos de Dios, jamás lo estaremos. Él siempre estará contigo, y no importa cuán feroz sea la batalla, jamás te abandonará.
Transcrito y publicado por Nancy Violeta Velez el 13 de Noviembre del 2009.
Y hasta aquí el capítulo 4 de la serie de 9 capítulos de este libro “Palabras de Aliento para Mujeres”; gracias a todos los que con amor y por amistad en el Señor vienen a participar y proclamar que Jesús es Señor, a él sean toda la gloria y la honra. ¡Amén!
El día se acerca ya mis hermanos, pronto el Señor Jesucristo ha de venir con todo imperio y majestad, por sus escogidos, por aquellos que le hemos aceptado como nuestro Señor pues no hay otro nombre dado a los hombres en el que se pueda hallar salvación. Un abrazo fraternal y que tengan todos una feliz semana llena de alegría y de la paz de Cristo.
¡Maran-ata! ¡Cristo viene! ¡Ven pronto Señor Jesús!
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