COMO PUEDO PERMANECER EN CRISTO

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  • – Segunda Parte –
    ¿Cómo Puedo Permanecer en Cristo?
    Dice el Señor Jesús: "Todo cuanto pidiéreis en la oración, creed que lo recibísteis ya; y lo tendréis." Marcos 11:24. Una condición acompaña esta promesa: que pidamos conforme a la voluntad de Dios. Pero es la voluntad de Dios limpiarnos del pecado, hacernos hijos Suyos y habilitarnos para vivir una vida santa. De modo que podemos pedir a Dios estas bendiciones, creer que las recibimos y agradecerle por haberlas recibido.
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    De modo que ya no te perteneces, porque fuiste comprado por precio. Mediante este sencillo acto de creer en Dios, el Espíritu Santo engendró nueva vida en tu corazón. Eres como un niño nacido en la familia de Dios, y El te ama como a Su Hijo.

    Ahora que te has consagrado al Señor Jesús, no vuelvas atrás, no te separes de El, mas repite todos los días: "Soy de Cristo; Le pertenezco;" pídele que te dé Su Espíritu y que te guarde por Su gracia. Así como consagrándote a Dios y creyendo en El llegaste a ser Su hijo, así también debes vivir en El.

    Miles se equivocan en esto: no creen que el Señor Jesús los perdone personal e individualmente. No creen al pie de la letra lo que Dios dice. Es privilegio de todos los que llenan las condiciones saber por sí mismos que el perdón de todo pecado es gratuito. Alejad la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros. Son para todo pecador arrepentido.

    Alzad la vista los que vaciláis y tembláis; porque el Señor Jesús vive para interceder por nosotros. Agradeced a Dios por el don de Su Hijo amado.

    Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura; las cosas viejas pasaron ya, he aquí que todo se ha hecho nuevo." 2 Corintios 5:17.

    Es posible que una persona no sepa indicar el momento y lugar exactos de su conversión, o que no pueda tal vez señalar la cadena de circunstancias que la llevaron a ese momento; pero esto no prueba que no se haya convertido. Se notará un cambio en el carácter, en las costumbres y ocupaciones. El contraste entre lo que eran antes y lo que son ahora será muy claro e inequívoco. ¿Quién posee nuestro corazón? ¿Con quién están nuestros pensamientos? ¿De quién nos gusta hablar? ¿Para quién son nuestros más ardientes afectos y nuestras mejores energías? Si somos de Cristo, nuestros pensamientos están con El. No hay evidencia de arrepentimiento verdadero cuando no se produce una reforma en la vida. La hermosura del carácter de Cristo ha de verse en los que Le siguen. El se deleitaba en hacer la voluntad de Dios.

    Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios deben guardarse en forma especial. El primero es el de fijarnos en nuestras propias obras, confiando en algo que podamos hacer para ponernos en armonía con Dios. Todo lo que el hombre puede hacer sin Cristo está contaminado de egoísmo y pecado. Sólo la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.

    El error opuesto y no menos peligroso consiste en sostener que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios, y que en vista de que sólo por la fe llegamos a ser participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.

    La obediencia es el fruto de la fe. La justicia se define por la norma de la santa ley de Dios, expresada en los diez mandamientos. Éxodo 20:3-20. La así llamada fe en Cristo que, según se sostiene, exime a los hombres de la obligación de obedecer a Dios, no es fe, sino presunción. La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo. Se le abriría la puerta al pecado con toda su secuela de dolor y miseria para siempre.

    Cristo cambia el corazón. El habita en el vuestro por la fe. Debéis mantener esta comunión con Cristo por la fe y la sumisión continua de vuestra voluntad a El. Mientras lo hagáis, El obrará en vosotros para que queráis y hagáis conforme a Su beneplácito.

    Cuanto más cerca estéis de Jesús, más imperfectos os reconoceréis; porque veréis tanto más claramente vuestros defectos a la luz del contraste de Su perfecta naturaleza. Esta es una señal cierta de que los engaños de Satanás han perdido su poder, y de que el Espíritu de Dios os está despertando. No puede existir amor profundo hacia el Señor Jesús en el corazón que no comprende su propia perversidad. El alma transformada por la gracia de Cristo admirará Su divino carácter. Una percepción de nuestra pecaminosidad nos impulsa hacia Aquel que puede perdonarnos, y cuando comprendiendo nuestro desamparo nos esforcemos por seguir a Cristo, El se nos revelará con poder. Cuanto más nos impulse hacia El y hacia la Palabra de Dios el sentimiento de nuestra necesidad, tanto más elevada visión tendremos del carácter de nuestro Redentor y con tanta mayor plenitud reflejaremo ver menos

    Por Ramon - Marzo 21 2008
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